La alegría de tocar la nieve, de sentir ese frío agradable en las manos después de estar el año entero esperando, es algo mágico, algo casi tan divino como la fricción de un trineo improvisado sobre la capa blanca con la que es espolvoreada la tierra y en la que algún niño se siente feliz por ser el primero en pisarla. Las guerras con bolas de nieve, los muñecos de distintos tamaños que se encuentran por todas partes como si de una exposición se tratase...
y un pequeño día extra de vacaciones.

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